Una joven norteamericana crea unos algoritmos informáticos que ayudan a diagnosticar el cáncer con mayor precisión

 

 

Mientras que algunas adolescentes solo piensan en sus ídolos musicales o en los últimos estrenos cinematográficos, Brittany Wenger tiene una pasión muy diferente: diagnosticar —y tal vez incluso curar— el cáncer utilizando programas informáticos complejos que ella misma ha creado tras aprender a programar de forma autodidacta.

A través de redes neuronales artificiales (programas informáticos codificados para «pensar» y «aprender» como el cerebro humano), Brittany Wenger, una estudiante de 18 años de Sarasota (Florida, EE. UU.), ha logrado diagnosticar el cáncer de mama y una forma agresiva de leucemia infantil, la leucemia MLL, con una precisión nunca vista.

La investigación de Wenger —que le valió el Gran Premio de 2012 de la prestigiosa Google Science Fair, el Gran Premio de Intel ISEF y un viaje a la Casa Blanca para presentar su proyecto al presidente de EE. UU., Barack Obama— se ha convertido en viral. A raíz de ello, oncólogos de todo el mundo han aportado muestras a su base de datos, lo que ha permitido elevar la exactitud de los diagnósticos hasta un 99,11 %, porcentaje que puede seguir aumentando en el futuro.

«El jurado entero ovacionó el proyecto», explica Vint Cerf, vicepresidente y Chief Internet Evangelist de Google, conocido también por ser uno de los «padres de Internet».

El proyecto de Wenger también ha identificado pequeños subgrupos de proteínas entre las decenas de miles que participan en cada enfermedad, que son las que permiten predecir mejor qué células serán cancerosas. Esta información podría ayudar a las compañías farmacéuticas a desarrollar nuevos medicamentos.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

«Dado que a las redes neuronales artificiales no se les dice exactamente cómo hacer una tarea específica, aprenden a partir de experiencias y errores», explica Wenger. «Y al tener esta capacidad de aprendizaje, pueden “entrenarse” para reconocer patrones que son demasiado complejos para que el ser humano pueda detectarlos. Esta capacidad de reconocer patrones es muy prometedora para todos los campos de la ciencia.»

El programa va ganando en precisión a medida que «aprende» de los datos que se le van añadiendo. Por ello, Wenger estaba convencida de que debía poner su red en la nube. «La nube permite conectar al mundo y a los investigadores de un modo nunca visto», afirma Wenger. «Por ejemplo, a través de un servicio web puedo trabajar con un hospital de Italia, cuyo personal puede introducir a distancia distintas muestras en mi programa de una forma práctica y económica. Esto ofrece unas posibilidades extraordinarias.»

Los programas de Wenger se están utilizando en fase de pruebas en varios hospitales de Estados Unidos e Italia. Asimismo, Wenger sigue trabajando en su red para adaptarla al cáncer de ovarios y pulmones.

UN FUTURO BRILLANTE

No hace falta ver el brillante expediente académico de Wenger para comprender que tiene un gran futuro por delante. En agosto de 2013 se incorporó a la Universidad de Duke en Durham (Carolina del Norte, EE. UU.) con una beca Angier B. Duke de la promoción de 2017 para estudiar la especialidad de oncología pediátrica.

Aunque a Wenger le ha fascinado la ciencia desde niña, su pasión por combinar la informática con la investigación médica surgió por varios motivos: el cáncer de mama que padeció su prima, el interés de sus maestros y el apoyo incondicional de sus padres. «Nunca he superado la típica fase del “¿por qué?” que pasan todos los niños», cuenta. «Cuando creaba programas, ponía la alarma cada tres o cuatro horas para probarlos; estoy segura de que muchos padres habrían puesto el grito en el cielo por este comportamiento, pero mis padres son conscientes de lo mucho que me importa la investigación.»

Y ahora, gracias a ese apoyo, sus investigaciones están dando esperanzas a muchos enfermos de cáncer de todo el mundo y están ayudando a los investigadores que luchan por acabar con esta enfermedad. ◆