Los conflictos de patentes y los gastos de gestión pueden frenar el «Internet de los objetos»

Los sistemas electrónicos complejos basados en semiconductores, como el Internet de los objetos, combinan componentes convencionales de software y hardware de formas muy innovadoras. No obstante, cada vez resulta más difícil determinar quién es el dueño de la propiedad intelectual de estas tecnologías.

El «Internet de los objetos» o «Internet de las cosas» (IoT, por sus siglas en inglés) ha conquistado la imaginación de todos los que trabajan en el sector de la alta tecnología. Sinónimo de conectividad, el IoT nos conectará con cualquier objeto cotidiano, con aplicaciones que aún hoy pocos podemos imaginar. Sin embargo, pocos usuarios son conscientes de que la principal ventaja del IoT —combinar de forma innovadora la propiedad intelectual (IP) de diversas fuentes— podría convertirse en su mayor debilidad.

El fenómeno del IoT está en pleno apogeo gracias a que podemos disponer de un hardware electrónico barato, muy funcional y de bajo consumo, y de unas herramientas de software relativamente libres, todo ello basado en una propiedad intelectual que permite intercambiar y reutilizar ese hardware y ese software. La IP también puede referirse a los procesos de integración y fabricación. En cualquier caso, a medida que las empresas buscan una ventaja competitiva, ese uso «compartido» de la propiedad intelectual está dando lugar a litigios que podrían obstaculizar el crecimiento del IoT.

PAGAR EL PRECIO

«Las querellas presentadas con motivo de la IP se están utilizando para obtener una ventaja competitiva», asegura Mark Davis, director de Deloitte Consulting en Nueva York. «El crecimiento de las actividades de los secuestradores de patentes está obligando a las empresas a ser muy meticulosas para poder defenderse ante cualquier acusación. Los secuestradores de patentes se valen de los derechos que les otorgan dichas patentes para amenazar a otras empresas y cobrar derechos de licencia, pese a que no tienen ninguna intención de usarlas para mejorar ni crear nuevos productos.
La industria de la electrónica de semiconductores conoce muy bien los conceptos básicos de la gestión de la IP. Pero el nivel de gestión necesario, especialmente para manejar sistemas más complejos como el IoT, todavía no se ha evaluado debidamente. Tradicionalmente, las empresas iban acumulando IP a partir de las tecnologías que usaban en proyectos previos de hardware y software, o porque la adquirían a terceros. Pero hoy en día, la posibilidad de colaborar en un proyecto desde cualquier parte del mundo, unido a las diversas formas de IP, obliga a utilizar un sistema de gestión más completo y sólido.

«PARA UNA EMPRESA DE SEMICONDUCTORES, EL

CONCEPTO DE “CICLO DE VIDA” ES UNA BUENA MANERA

DE GESTIONAR TODAS LAS ACTIVIDADES, RIESGOS Y

COSTOS RELACIONADOS CON LA PROPIEDAD

INTELECTUAL.»

WARREN SAVAGE

PRESIDENTE Y CONSEJERO DELEGADO DE IPEXTREME

«Para una empresa de semiconductores, el concepto de «ciclo de vida» es una buena manera de gestionar todas las actividades, riesgos y costes asociados a la IP», señala Warren Savage, consejero delegado de IPextreme, empresa estadounidense que gestiona licencias de propiedad intelectual y metodologías para empresas que diseñan sistemas en chips (SoC). «Actualmente es muy alto el grado de reutilización de la IP para crear dispositivos complejos con unos costes cada vez más bajos. Pero, con el tiempo, la atención se centrará en algunos de los costes ocultos derivados de la creación, adquisición y utilización de esa IP. Hay muchas empresas grandes que ya se están enfrentando a este problema.»
Estos costes ocultos aumentarán a medida que los diseñadores incorporen cada vez más IP de terceros para mejorar el rendimiento de sus productos, añadir nuevas funcionalidades y cumplir unos plazos de lanzamiento cada vez más ajustados.

UN RETO PARA LA GRAN EMPRESA

La gestión de la IP —desde el desarrollo del producto hasta su fabricación y distribución— precisa la participación de todos los departamentos de la empresa, tanto técnicos como comerciales. Debe implicarse la empresa en su totalidad, porque hay que documentar absolutamente todo, desde la detección y creación de IP interna hasta la búsqueda, adquisición e integración de IP externa. Para realizar estas tareas es necesario catalogar y clasificar la calidad de todo tipo de IP en todos los ámbitos de la empresa, incluida la cadena de suministro.
Los defectos y errores detectados en el desarrollo de los distintos equipos de diseño deben ser rastreados con el control de versiones. En la parte comercial, hay que abonar el pago de licencias de IP y derechos de autor de terceros, en función del tipo de IP que sea y las familias de productos en las que se utilice.
Todas las cuestiones comerciales y jurídicas que rodean a la IP de un producto son tan abrumadoras como lo puedan ser los problemas técnicos. «Gestionar los catálogos de toda la IP propietaria y con licencia en muchas líneas de productos se está convirtiendo en un gran problema para el sector de los semiconductores», confiesa Eric Nguyen, director de Business Intelligence de Jama Software, una compañía de software con sede en Portland (Oregón, EE. UU.). El concepto de due diligence obliga a las empresas a realizar comprobaciones de patentes y tecnologías para asegurarse de que no violen ningún acuerdo de IP.
Además, las empresas deben gestionar los pagos de los licenciatarios. El hecho de saber qué IP se puede usar o no legalmente también afecta a las opciones de diseño de los ingenieros. Normalmente, los bloques de IP de hardware —como los núcleos de microprocesadores de ARM e Intel— están bien protegidos por la IP. Pero en lo que concierne al software, todo es más difícil de manejar.
«Una de las principales preocupaciones al usar IP de terceros es el riesgo de que exista cualquier volatilidad o puertas traseras en el producto», advierte Patrick Sullivan, vicepresidente de marketing de la unidad de negocio MCU de Atmel, empresa estadounidense dedicada al diseño y fabricación de semiconductores. «Todo esto es importante para proteger tanto los datos del usuario final del dispositivo como la IP de los creadores del propio dispositivo.»
La elección del diseño óptimo del producto depende de una combinación adecuada de IP interna y de terceros, según explica Richard Wawrzyniak, analista de mercado de ASIC y SoC en Semico Research, empresa consultora y de estudios de mercado sobre tecnologías de semiconductores, con sede en Phoenix (Arizona, EE. UU.).
«Se puede dar el caso de que una empresa tenga que obtener una licencia de una determinada IP para incorporar en un producto una funcionalidad solicitada por los clientes», afirma Wawrzyniak. «O, por el contrario, pueden optar por invertir más I+D e ingeniería en inventar algo para garantizar que en el futuro nadie se querellará contra ellos por infracción de patentes.»

En las grandes empresas, la gestión de la IP ayudará a los departamentos de hardware y software a tomar las decisiones correctas, de manera que no surjan costes ocultos que perjudiquen la IoT ni ninguna otra tecnología innovadora.